El falso soberanismo: Milei y la gran Galtieri - por Ricardo Auer

 El discurso del Presidente Javier Milei sobre Malvinas revela que el Gobierno pretenderá “maquillarse” de soberanista, aunque seguirá a pie juntillas lo que se le ordene desde Washington. Nadie le creerá a este Gobierno después de seguir incentivando la destrucción de las bases permanentes del auténtico poder nacional: ciencia, tecnología, educación y salud. Se llenarán de palabras y gestos huecos.

Los intereses cruzados
La tradicional posición argentina, política de Estado, siempre ha sido muy clara: no hay posibilidades de “autodeterminación” de los kelpers porque, según reglas diplomáticas, no hay pueblos originarios en la tierra en disputa, dado que los isleños son población implantada en 1833. Tesis que cuenta con el apoyo de la mayoría de los países representados en la ONU. Estados Unidos e Israel nunca lo hicieron. Modificar esa histórica postura nacional generaría un enorme malestar con nuestros aliados (G7 + Sur Global) en los debates sobre las descolonizaciones. Es decir, nos debilitaría enormemente para continuar negociando, lo cual facilitaría la permanente ocupación.

Para Estados Unidos, la importancia de la zona está en los pasos interoceánicos, claves desde el punto de vista militar, porque permiten el cruce entre el Pacífico y el Atlántico por el Estrecho de Magallanes o al sur del Cabo de Hornos, en un eventual conflicto con China. Recordemos que los grandes portaaviones de Estados Unidos no pueden atravesar el Canal de Panamá.
La alianza de Estados Unidos con Gran Bretaña, sostenida a lo largo del tiempo, fue integral, estratégica y de iguales, aunque hubo diferencias mutuas. La realidad es que a Estados Unidos le interesa que los británicos sigan controlando Malvinas, pero podría estar interesado en tener mayor control militar sobre el Atlántico Sur y su proyección antártica. Tal vez generando una comandancia militar conjunta en Mount Pleasant o con la instalación de una base militar en Tierra del Fuego. Es muy improbable que le den demasiado juego en el largo plazo en ese terreno a la Argentina, que podría cambiar de posición internacional en el futuro y pasarse al BRICS. Ningún gobierno norteamericano va a correr ese riesgo. El centro del actual debate con los británicos es un problema de dinero y de facilitar el acceso a sus bases militares. Ese es el verdadero interés norteamericano.

El poder que hace falta
La disputa de soberanía de Malvinas es un tema de poder nacional. El debate sobre su recuperación se realiza mediante discursos, resoluciones internacionales o negociaciones diplomáticas. Pero sin alcanzar un poder nacional material importante es poco probable que avancemos seriamente en ese sentido. Poder económico, científico, tecnológico, militar, diplomático, educativo, social y cultural.

Todo ello constituye el poder nacional, principalmente visible cuando se trata de formar a los funcionarios que deben tomar decisiones políticas o aconsejar al Presidente sobre las mejores políticas para defender los intereses nacionales.
Todos los Estados serios ejercen influencia sobre los demás, tratando de sacar ventajas. Para ello construyen redes internacionales y tratan de captar simpatías para sus visiones y sus intereses. Nada objetable.

Necesitamos sanos intercambios con las universidades y centros académicos de todo el mundo, sean ingleses, norteamericanos, rusos, alemanes, franceses o chinos, de carácter científico, cultural y, por qué no, también político. Necesitamos dialogar y conocer cómo piensan las grandes potencias y, más importante incluso, aprender de ellas. No para copiarlas o ser sus aduladores o seguidores, sino para afianzar nuestra identidad, nuestras fortalezas y actualizar las estrategias que más nos convienen.
No vemos conspiraciones, sólo hay intereses en juego. Un lobby de bajo costo fue creado por la Embajada Británica y organizaciones como Chevening, que maneja el programa global de becas del Gobierno del Reino Unido, orientado a “personas con potencial demostrable para convertirse en futuros líderes, tomadores de decisiones y formadores de opinión”. Las áreas promovidas son políticas públicas, gobierno, análisis político y de opinión pública, energía, relaciones internacionales, finanzas, petróleo y gas, minería, comunicaciones y medios. Nada sorprendente. Hay influencias que en los momentos oportunos son muy eficaces y no necesitan recibir órdenes, estando previamente adoctrinadas.

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